Hoy día todo el mundo se sabe el camino a Granada y Sevilla, pero Andalucía alberga otra deslumbrante perla: Córdoba. También aquí se puede disfrutar de la mezcla de la cultura árabe, cristiana y judía, que culmina en la espléndida Mezquita. si puedes elegir, mejor ir en mayo, durante el tradicional festival de los patios cordobeses.

Quien deambula por el casco antiguo, con sus serpenteantes calles de adoquines, es transportado a tiempos remotos. El corazón histórico, uno de los más grandes de toda Europa, fue declarado en 1994 patrimonio de la humanidad por la UNESCO. Diez años atrás, este título ya había sido concedido a la principal atracción de Córdoba, la Mezquita. La magní ca mezquita-catedral es el monumento musulmán más importante del mundo occidental. Su construcción se inició en 785. La mezquita se levantó en el lugar donde antiguamente se erigía una basílica visigoda, construida a su vez sobre los restos de
un templo romano. En los dos siglos siguientes, el edi cio religioso fue objeto de importantes ampliaciones, por lo que se hace visible el desarrollo del arte califal en aquella época. Después de la Reconquista, la Mezquita recibió otra destinación: como catedral de la diócesis de Córdoba. El resultado es una iglesia con elementos góticos, renacentistas y barrocos, en medio de un bosque de más de ochocientas columnas sobre las que descansan arcos de herradura bicolores, de color rojo y amarillo.

Encantador bosque de palmeras

Si planeas visitar la Mezquita, procura ir sobrado de tiempo. Adéntrate en el bosque de columnas – bautizado por muchos como el ‘bosque de palmeras’ y déjate sorprender por los suelos, las columnas, los arcos y las exuberantes capillas laterales. Te sentirás hechizado por el silencio y
el juego de luces y sombras. Aquí, incluso los más reacios a la espiritualidad, podrían cambiar de parecer. Y de repente está ahí esa imponente catedral. Todavía más alta, todavía más luminosa. Totalmente distinta. Y fuera de lugar, según algunos, entre ellos Cees Nooteboom, quien en 1962 lo formuló con grandeza: ‘Solo el corazón del bosque está podrido, allí se han talado los árboles y los salvajes cristianos han construido su catedral, un enclave cargado de barroco, que en este lugar parece tener un punto de malicia.’

Tampoco el emperador Carlos V se mostró satisfecho del resultado de las obras, que se concluyeron durante su reinado. ‘Lo que habéis hecho, lo puede hacer cualquiera en todas partes; lo que habéis destrozado, no tenía igual en el mundo,’ le reprendió al arquitecto. Para la construcción de la catedral tuvieron que retirar las cuatrocientas columnas que conformaban el corazón de la antigua mezquita. Pero se mire como se mire, es precisamente la catedral dentro de esa antigua mezquita lo que hace que la Mezquita de Córdoba sea un complejo tan único.

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