¿Lanzarote? ¿no es uno de esos destinos donde la gente se pasa las vacaciones en posición horizontal? sí, pero hay más… ¡mucho más! Quien se aventura más allá de las famosas playas, conocerá a gente encantadora en una isla hermosa y vacía donde la naturaleza ha causado estragos. Y que, gracias a un inspirado artista, ha sabido conservar un ambiente de lo más auténtico.

Al igual que las demás Islas Canarias, Lanzarote es fruto de las erupciones volcánicas. De todas las islas del archipiélago, los lanzaroteños son los que más han sufrido la fuerza bruta de la naturaleza. De 1730 a 1736 se produjeron en esta isla una serie de erupciones volcánicas en las Montañas del Fuego, según muchos uno de los paisajes más espectaculares del mundo.

Las Montañas del Fuego forman parte ahora del parque nacional de Timanfaya. En El Diablo, el restaurante ubicado en este paraje, aprovechan el calor de la tierra para elaborar la delicia local por excelencia, las papas arrugadas. Hasta la fecha se sigue analizando de forma continua la temperatura de la tierra en las Montañas de Fuego. Desde el restaurante salen autobuses que recorren durante media hora el paisaje volcánico. Un paisaje ciertamente espectacular.

El héroe de Lanzarote

César Manrique es el gran héroe de Lanzarote. La vivienda particular de este artista y arquitecto, en las afueras de la capital Arrecife, es sin duda una visita obligada para los amantes del arte. Manrique era un visionario polifacético que, ante todo, veló por el patrimonio cultural de Lanzarote.
Consiguió que se prohibieran las construcciones nuevas en Lanzarote de más de cuatro plantas, así como las grandes valles publicitarias junto a las carreteras, y que se estableciera que todas las casas se siguieran pintando de blanco, y que la carpintería solo se pudiera pintar de verde, azul o marrón. Más de veinte años después de su muerte, los isleños todavía se lo agradecen.

El gran Manrique

La casa de Manrique, que actualmente aloja la Fundación César Manrique, está construida sobre un campo de lava. Resulta fascinante observar cómo aquí, al igual que en El Diablo, el restaurante en Timanfaya que también diseñó Manrique, con uyen la naturaleza y el arte, a veces incluso literalmente. En la Fundación puedes admirar sus obras de arte y las de amigos contemporáneos del artista, como Miró y Picasso, quien tuvo una marcada y visible in uencia en Manrique. Pero lo más interesante es la propia casa, con sus estanques y rocas, las vistas a través de diversas aberturas y las entradas de luz. Los últimos años de su vida Manrique vivió en Haría, un pueblo en el valle de El Risco de Famara. Desde otoño de 2013 la casa en Haría ha sido habilitada como museo. Si quieres saber en qué tipo de cama dormía el artista y qué libros tenía en su cuarto de trabajo, no olvides visitar este lugar.

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