Berg in Mallorca

De Agatha Christie a Claudia Schiffer: son muchos los famosos que se encandilaron con Mallorca. ¡Y no sin motivo! Esta isla lo tiene todo: un espléndido clima mediterráneo, paisajes tanto agrestes como bucólicos, ciudades históricas y cientos de kilómetros de línea costera con playas de arena, acantilados, pueblos, puertos y cuevas.

De hecho, no importa el camino que tomes. Todos los lugares que hemos conocido de la isla se merecen el calificativo de pintorescos y hermosos. Precisamente las zonas menos populares entre los turistas tienen su encanto, justamente por su tranquilidad.

La montaña de Llull

Una ruta muy popular entre los ciclistas que se alojan en Palma o sus alrededores es la ascensión a la montaña de Randa. En este lugar el famoso pensador mallorquín Ramón Llull fundó en el siglo XIII el Santuari de Nostra Senyora de Cura. Llull, hijo de uno de los soldados que luchó en la reconquista de Mallorca de manos de los moros, era un mujeriego empedernido. Sin embargo, se curó después de que una mujer le mostrara sus pechos deformes. Al final se reveló como uno de los filósofos más importantes de España. Fue el primero que, aparte de en árabe y latín, escribía también en catalán. El monasterio que fundó se sitúa en lo alto de un monte, con vistas a la isla y el mar. En días despejados incluso se alcanza a distinguir la isla de Ibiza. Una ascensión que no da tregua a los ciclistas que, una vez que coronan la cima, pueden recuperar el aliento y tomar un café en la terraza del restaurante del monasterio.

La bahía de agatha

En 1932 Agatha Christie llegó a Port de Pollença de forma casual, cuando no logró encontrar alojamiento en Palma. Se quedó profundamente impresionada. ‘This was the site I was looking for…!’ exclamó. Los pinos, las bahías resguardadas, las aguas cristalinas, el delicioso clima… Todavía hoy se respira algo de ese ambiente que cautivó a Christie de este lugar. Lejos del bullicio y el ajetreo, aquí se ven familias con niños que se entretienen chapoteando en la rompiente. Las playas lindan con el tranquilo paseo marítimo, que alberga algunos buenos restaurantes en las antiguas casas de pescadores. Caminar desde el pueblo a Cala Boquer, al otro lado de la bahía, lleva alrededor de una hora. Primero pasamos a lo largo de las verjas de una finca. En el llano se extienden los campos de cultivo, a la derecha se erigen las rocas. Al fin divisamos la bahía que, exceptuando a dos pescadores y dos aficionados a la acampada libre, está totalmente desierta. ¡Aquí nos queremos quedar!

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Dit artikel is eerder verschenen in ESPANJE! (España & más, 5e jaargang, januari – maart 2015) en de informatie kan achterhaald zijn. Het originele artikel Mallorca op de bonnefooi, werd in het Nederlands geschreven. Auteur: Marjan Terpstra