Todo lo que simboliza España, se encuentra en Sevilla, para ser precisos en el barrio gitano de Triana. La cantaora Rosario La Tremendita nos guía por su barrio natal, la cuna del amenco, y vamos de romería a El Rocío.

El ancho río Guadalquivir corta Sevilla por la mitad, localizándose el casco urbano en una de sus márgenes. El centro atrae a un gran número de turistas, que contemplan embelesados los testimonios del arte mudéjar cristiano- musulmán del castillo del Alcázar, donde, como nos susurra al oído el guía, el Rey Don Juan Carlos ha vivido agradables momentos con su amante. Los turistas deambulan por el laberinto de callejones de Santa Cruz. Justo antes del Puente Isabel II sobre el Guadalquivir, la corriente de turistas parece disiparse.

Barrio gitano

En la otra orilla del río se sitúa el barrio más alabado de la historia del flamenco: Triana. Allí nos reunimos con la cantaora Rosario La Tremendita. Rosario nació hace 27 años en este barrio y nunca lo dejó. Aunque actualmente, Triana poco recuerda a su legendario pasado. Vemos sobre todo anchas calles de tiendas con edificios de fachadas modernas y flamantes ladrillos. Rosario asiente. ‘Se ha convertido en un barrio caro y popular. Cuando a finales del siglo pasado los promotores inmobiliarios se apoderaron del barrio, los gitanos se vieron obligados a trasladarse a los barrios periféricos. Manzanas enteras fueron derribadas. Abogados, médicos y especialistas de TI ocuparon las viviendas nuevas o renovaron las antiguas. El barrio ya no respira el espíritu flamenco, como hacía durante mi niñez,’ dice con tristeza en la voz.

Fiestas inigualables

Rosario nos lleva a la tienda de su tío en Triana. El local en sí, con toda una variedad de tradicionales souvenirs religiosos y relacionados con el flamenco, ya merece una visita. Su tío todavía no se ha recuperado de la resaca de una larga noche de copas y fiesta. Al igual que nosotros y muchos trianeros, acudió a la última noche en vela de la romería anual al cercano pueblo de El Rocío. Durante el año El Rocío es un pueblo fantasma, para transformarse en el fin de semana de Pentecostés en el principal lugar de peregrinación del sur de España. La aparición de la Virgen del Rocío se celebra a la andaluza, con vino, flamenco y fiestas inigualables.

Cinco días atrás, el barrio Triana era el punto de partida de unos de los tres itinerarios principales a El Rocío. Durante el camino los romeros toman vino, mucho vino, y entonan sus cantos rocieros. En los lugares de descanso, las rocieras sevillanas bailan y cantan bajo el cielo estrellado, acompañadas por la guitarra, la flauta y las palmas.

Ventana al alma española

Si bien Sevilla es conocida por su Semana Santa, es El Rocío que realmente ofrece una ventana al alma española. Para el holandés medio, siempre tan sensato, esta romería constituye una combinación única de una experiencia religiosa mística y desenfadadas fiestas. El fin de semana de Pentecostés congrega a cientos de miles de visitantes. Según tradición, en la madrugada del lunes, una de las hermandades ‘roba’ la imagen de la Virgen de la iglesia, tras lo cual la muchedumbre, agitada y extasiada, se agolpa para tocar a la Virgen. Después de ser saludada por todas las hermandades, la Virgen regresa al despuntar el día a la iglesia.

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