Escápate del turismo de masas, los clubes y los dj, relájate en Ibiza rodeado de huertos y olivares. Los campos de ores despertarán tu lado bohemio, las bahías silenciosas tu monje interior. Toma el barco a Formentera y ya nunca dejarás el estado zen.

Si buscas la tranquilidad, Ibiza es perfecto para hacer un retiro. En los lugares más hermosos se ofrecen escapadas de yoga, detox, spa y meditación. Nosotros optamos por el spa balinés de Atzaró Agroturismo. En el jardín las ranas croan entre los nenúfares, las estatuas de Buda velan por la tranquilidad y una fuente discurre entre los naranjos. Nos sentimos totalmente zen. En el asiento trasero de nuestro Citroën se amontonan las chanclas de cáñamo, los bolsos con motivos orales, las blusas asiáticas y los collares de cuentas. Para respirar a fondo el espíritu bohemio de la isla, al día siguiente nos sumergimos de lleno en el ambiente hippie-chic de Sant Gertrudis de Fruitera. Un pueblo relajado con una alta densidad de boutiques. En los acogedores cafés, si te descuidas, le dedicarás cuatro horas al almuerzo. ‘¿Qué más se necesita?’ exclama un camarero cuando empieza a brillar el sol en la mañana. De pie en su terraza, abre los brazos y abraza el cielo.

Formentera en bici

Para todavía más de tranquilidad y retiro, tomamos el barco a Formentera y nos dirigimos a la Playa de ses Illetes. Cuando divisamos las primeras olas, nos quedamos mudos de admiración. Nunca antes habíamos visto en Europa un mar de aguas tan cristalinas y turquesas. En combinación con la nísima arena blanca nos creemos en el Caribe. En el otro extremo de la punta norte se extiende la Playa de Llevant.

Posee el mismo grado de Shangri-La, pero es más tranquila. Illetes es la playa más popular de Formentera. Por todos lados vemos una imagen conocida: personas en bici. Con sus reducidas distancias, agradables carriles-bici y caminos por lo general llanos, Formentera se presta perfectamente para explorarla en bici. Ofrece diecinueve rutas de senderismo
y ciclismo. En Ses Salines puedes observar aves y en las inmediaciones del pueblo de San Ferrán puedes disfrutar de las viñas y el campo.

A gusto

Varias horas después divagamos por caminos de tierra alrededor de la capital Sant Francesc Xavier. Junto a las blancas paredes de las casas, en las que se apoya la buganvilla, se erigen cactus. Los pedregosos olivares están invadidos por ores silvestres. Pequeños muros de piedra natural encierran un paisaje sumido en el silencio. Con estas imágenes de ensueño todavía en la retina, tomamos la carretera principal hacia Cap de Barbaria y el faro del mismo nombre. El paisaje de pinos da paso a llanuras desnudas con arbustos maltratados por el viento. El mar en eterno movimiento embiste contra los escarpados acantilados. Cuanto más nos aproximamos al extremo sudoeste, más lejos queda el mundo habitado. Nos sentimos tan a gusto en Formentera, que durante unos instantes consideramos solicitar la ciudadanía.

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Dit artikel is eerder verschenen in ESPANJE! (España & más 3e jaargang, juli – september 2013) en de informatie kan achterhaald zijn. Auteurs: Annette Spaan.