Que Valencia es un destino popular para un fin de semana no nos sorprende. Aunque si planeas ir un fin de semana largo, también puedes ir a lugares fantásticos como Albarracín, Teruel y Cuenca. Un recorrido fantástico en coche, sin necesidad de conducir horas y horas. Un viaje de ida y vuelta al siglo XIII. Desde la cultura árabe hasta el blanco futurista de Calatrava.

Ya ha pasado la medianoche cuando cruzamos la Plaza Torico en Teruel. Solo se oye un agradable rumor de voces. Nada de coches, ni autobuses, ni otros ruidos urbanos. Todavía hay niños jugando al fútbol en la calle. Las terrazas están llenas, y el ambiente respira animación y sosiego a la vez. Teruel es famosa por sus espléndidas torres del siglo XIII y XIV, exponentes máximos de la extremadamente elegante arquitectura mudéjar, que fundió las tradiciones árabes con los estilos arquitectónicos cristianos.

Hermosura rosada en Abarracín

A media hora escasa en coche de Teruel se encuentra Albarracín, un pequeño pueblo de montaña y, según muchos, uno de los más hermosos de España. Sus edificios llaman la atención por el color rosado de sus ladrillos. Para disfrutar de la quietud de sus calles medievales se recomienda ir entre semana. Albarracín está ubicado en un paisaje de ensueño en las faldas de la Sierra de Albarracín. En la ribera del río Guadalaviar se está de maravilla. Uno de los paseos más bonitos conduce del pueblo cercano Guadalaviar a Griegos, a lo largo de seis kilómetros en los que los espacios abiertos se alternan con bosques de coníferas y en los que destaca la presencia de multitud de fuentes, como la Fuente Feliz y la Fuente Coveta. Un poco más lejos se erige la Piedra del Sol, donde antaño se reunía la gente de los pueblos colindantes cuando hacía falta resolver un litigio.

Casas colgadas

Algunos trechos del camino entre Teruel y Cuenca son impresionantes por las caprichosas formaciones de rocas y las impresionantes formas erosionadas. La ciudad medieval de Cuenca está encajonada entre las profundas gargantas del Río Júcar y el Río Huécar. En lo alto de un promontorio está emplazado el casco antiguo de Cuenca, cuyo núcleo épico lo constituye la Plaza Mayor con su hermosa catedral gótica. Ver el interior cuesta tres euros, pero el precio incluye una audioguía. Detrás de la catedral un callejón desemboca en un puente peatonal que lleva al Parador al otro lado de la hoz. El Parador está enclavado en el convento de San Pablo y se presta para un elegante aperitivo.

Naturaleza caprichosa

Cuenca es un punto de partida ideal para los amantes de la naturaleza. Los numerosos bosques y las extensas llanuras que rodean la ciudad la convierten en un paraíso para los caminantes. La Serranía de Cuenca es una zona montañosa con formaciones caprichosas de rocas y densos pinares. Otra atractiva escapada es la llamada ‘Ciudad encantada’, donde el viento y el agua han esculpido las rocas en formas espectaculares. Por la erosión de las capas de caliza surgieron en este lugar el denominado puente romano, ballenas y barcas de piedra. A poca distancia se encuentra El Hosquillo, un parque natural ubicado en el nacimiento del río Escabas. Tras pasar unos deliciosos días en el interior, sentimos el llamado de los placeres urbanos. Meditamos sobre tiempos pasados mientras nos deslizamos por el asfalto, hasta que volvemos a divisar Valencia. La deslumbrante Ciudad de las Artes y las Ciencias de Calatrava resplandece bajo el sol. Hemos vuelto al presente. Hacemos oídos sordos a las tentaciones de la ciudad y nos dirigimos a la Playa de la Malva para entregarnos a un dolce far siente.

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